Puedo detenerme
a un lado del camino
para escuchar el
eco que se esconde
en cada piedra
que me llama
o pretender la
brisa que habita
el aliento de
una brizna de hierba.
Puedo imaginar
el asombro de la alondra
cuando camino al
filo de la madrugada,
en tanto las
huellas del silencio me revelan
los signos
secretos que marcan hacia qué lado
me llevan los
vientos de tus simas.
Tú puedes ser el
imán de las formas veladas,
la fuerza que me
arrastra con vértigo hipnótico,
esa embriaguez
urgente de beber tus infinitos
cuando te pienso
tan inmensa
y yo, apenas un
soplo en tu horizonte.
Cada paso que me
acerca a ti, montaña,
